Rotundamente Negra


Me niego rotundamente
A negar mi voz,
Mi sangre y mi piel.

Y me niego rotundamente
A dejar de ser yo,
A dejar de sentirme bien
Cuando miro mi rostro en el espejo
Con mi boca
Rotundamente grande,
Y mi nariz
Rotundamente hermosa,
Y mis dientes
Rotundamente blancos,
Y mi piel valientemente negra.

Y me niego categóricamente
A dejar de hablar
Mi lengua, mi acento y mi historia.

Y me niego absolutamente
A ser parte de los que callan,
De los que temen,
De los que lloran.

Porque me acepto
Rotundamente libre,
Rotundamente negra,
Rotundamente hermosa.

Shirley Campbell Barr

Negra vs. blanca

-
Hace tiempos leí un libro misterioso que sostenía una teoría peregrina: la negra es oriunda de Sirio. No me cuesta creerlo.
La negra desaparece por completo cuando se apaga la luz. La mujer demasiado blanca, la blanca perfecta, si eso existe, se queda brillando en la sombra como un fuego fatuo.
...
Hay negras negras. Negras intermediarias. Y blancas blancas. Estas parecen un jingle soso junto a la canción de una negra que calla. Para salvar la desventaja, la blanca, que es lunar y devuelve la luz que recibe, se solaza en la playa, se lampariza en el gimnasio.
Pero no basta una insolación para adquirir las cualidades solares de un buen pan. La negra no se ve aunque deje la puerta abierta. La blanca es evidente aunque la cierre con doble llave. Se parece más a un mandamiento que a una invitación.
...

Eduardo Escolar, poeta
(Colombia, 1943)
-

Mi negra

M
(...) mi negra se emperejila, se emperespeja, se aliña,
Con alhucema y albahaca, con cidrón y toronjil,
Con lavanda, con canela, con loción y con anís.

Mi negra tiene un meneo que no cabe por la calle,
Mueve el tacón y la punta del zapato y ese baile
Derrama tantas fragancias que no caben en el aire.
Mi negra es alta y esbelta, muy lucida y bien plantada,
Su cuello es tan largo que anda su cabeza por el aire.
El donaire de mi negra no cabe en ninguna parte.

Mi negra tiene ojos blancos, dientes blancos, calzones blancos,
Calzones en diminutivo, calzoncitos, prendas íntimas…
Yo no sé qué tienen de íntimas si las anda mostrando por todos lados.
Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda,
No como las blancas que aunque se desnuden siempre tienen algo que las cubre, aunque sea un concepto. Mi negra no tiene conceptos, ella nació y se crió desnuda, y por lo tanto no se puede vestir completamente porque mientras más se viste más desnuda queda.

Mi negra se aceita el codo, se pule el pelo, acicala,
Se emperimbomba, se tiñe, se sahúma, se apercala,
Se va de rumba y regresa cuando está la noche alta.
Yo no sufro por mi negra. ¡Cómo me alegra mirarla!

Mi negra camina en versos de cuatro o cinco tonadas,
Su habla es un canto largo, con las palabras cortadas.
Mi negra es dulce por fuera. Por dentro yo no sé nada.
Por dentro mi negra tiene alguna cosa guardada. (...)

Jaime Jaramillo Escobar - "Alheña y azúmbar"
(Colombia, 1932)
O

Diosa Oscura

-
Extraña deidad, morena como las noches, de perfume donde se mezclan el almizcle y el tabaco —obra de algún obí, Fausto de la sabana—, hechicera de flancos de ébano, hija de las negras mediasnoches (...)

Baudelaire, "Sed non Satiata"
-

Venus Negra


Alta y fornida, cual gallarda encina,
de ébano tiene el resplandor tu seno;
eres un vaso de febril veneno
con sabores de miel luciferina.
Tu mirada picante es de felina,
hembra de lomo mórbido y relleno;
tu rojo labio, en el festín obsceno,
lanza su muelle copia libertina.
Como el manto cobrizo de una hoguera,
envuelve tu ampulosa cabellera
las desnudeces de tu carne ardiente;
y en el dogal de tu insaciable abrazo
se mezclan las crueldades del zarpazo
al lánguido ondular de la serpiente.

Francisco J. Fálquez Ampuero
(Guayaquil, Ecuador, 1877-1940)


Femme Noire


Mujer desnuda, mujer negra,
Vestida de tu color que es vida, de tu forma que es belleza
He crecido a tu sombra; la suavidad de tus manos vendaba mis ojos.
Y en pleno verano y en pleno mediodía,
te descubro, tierra prometida, desde la alta cima de un puerto calcinado,
tu belleza me fulmina en pleno corazón, como el relámpago de un águila.

Mujer desnuda, mujer oscura,
fruto maduro de carne tersa, sombrío éxtasis del vino negro, boca que haces lírica mi boca,
sabana de horizontes puros, sabana estremecida bajo caricias ardientes del viento del Este.
Tamtán esculpido, tamtán terso que ruges bajo los dedos del vencedor.
Tu voz grave de contralto es el canto espiritual de la Amada.

Mujer desnuda, mujer oscura,
aceite que ningún viento ondula, aceite que calma los costados del atleta, los costados de los príncipes de Mali
Gacela de zancas celestiales, las perlas son estrellas sobre la noche de tu piel.
Delicias del pensamiento, los reflejos del oro sobre tu piel tornasolada.
A la sombra de tu cabellera, mi angustia se ilumina en los soles cercanos de tus ojos

Mujer desnuda, mujer negra,
Canto tu belleza que pasa, forma que yo fijo para siempre
antes de que el destino envidioso te reduzca a cenizas que alimenten las raíces de la vida

Léopold Sédar Senghor - "Cantos de sombra" (1945)


Black Ladies


He descubierto cinturas flexibles, tonos matizados de piel, juegos de luces y sombras, formas alargadas y esbeltas, lánguidas o lascivas, todas ellas con ese algo indefinible, solapado, que parece proceder de muy lejos, de las estrellas... un algo que hechiza y encandila.
He soñado con diosas negras.
...
Justas eran las palabras del amor. Aquí Douala, Abidjan, Bamako. El amor vivía en el vacío de un sol verdadero.
Voz del viento tráeme a mi amor. Aquí Bangui, Kinshasa, Dakar. Mi amor nació en exuberantes llanuras.
Mi amada es imaginaria y nocturna. Aquí Brazaville, Kinshasa, Lagos. Mi amor es aliento e imagen.
...
He contemplado la tierra de la que emerge el mundo, en tu negro, en tu carne, en el sudor y el calor. Abismo de amor repleto de delirios, tormenta tenebrosa, perfumada y adorable...
...
Vasta tierra negra que se desliza bajo el viento, mano de una ternura umbría, recuerdos de la madre y del deseo, ciudadela, templo o columnas, carnes erguidas prestas a luchar, diosa entre las rocas, un fruto madura frente al sol, donde la carne muere y resucita sin fin.
En esos enormes y lánguidos ojos de princesa, tierra prometida, paraje desarbolado o cascada lunar, sus brazos, ¡oh, cielos!, son como gacelas aladas. Cabellera nacida de la espuma azulada del deseo. (...) Jamás saciada de magnificencia, la savia alimenta la nube azul del deseo para desposar sus curvas más vagabundas que el viento, e inhalar tu leyenda mientras muere.
Tierra negra, espuma de la que brota la vida, (...) la sombra y la luz fusionan sus paletas para ayudar a la ladrona que me despoja a medianoche.

Calixthe Beyala (1995)


La Piel Negra...


... es más liviana, pesa menos, porque el sol, ya rendido de castigarla, ni trata de enrojecerla, a la blanca el sol la empuja con su mirada a la tierra, se complace en besar sus pecas jinchas, en abrazar sus venas azules para enrojecerlas, en quitarle la suavidad para brotar en ella los salpullidos que le comprueban su omnipotencia.

JMRomey Ramos Soodhoo-ramj - "Colé jueyero"
(Puerto Rico)

Tu vientre...


... sabe más que tu cabeza
y tanto como tus muslos.
Esa es la fuerte gracia negra
de tu cuerpo desnudo.

Signo de selva el tuyo,
con tus collares rojos,
tus brazaletes de oro curvo,
y ese caimán oscuro
nadando en el Zambeze de tus ojos.
...
Sencilla y vertical
como una caña en el cañaveral.
Oh retadora del furor genital:
tu andar fabrica para el espasmo gritador
espuma esquina entre tus muslos de metal.
...
De tus manos gotean
las uñas, en un manojo de diez uvas moradas.
Piel, carne de tronco quemado,
que cuando naufraga en el espejo, ahúma
las algas tímidas del fondo

Nicolás Guillén
(Camagüey, Cuba, 1902-1989)


Soy negra, pero hermosa...


... muchachas de Jerusalén, como las tiendas de Cadar, como los pabellones de Salomón.
No os fijéis en mi piel oscura, que me ha bronceado el sol.

"El Cantar de los Cantares" (1,5)


Rostro de Mujer Negra


La mañana de Broadway emerge un rostro de azabache.
El rostro de la mañana: Broadway, y un monumento
de negra que lo pasea.
Verla: para quitarse el sombrero. Amarla: pulgadas
a pull-over su piel que no me aguanto,
por esta calle de Dios que termina en poluciones colectivas
bajo inmensos reflectores. Y que,
volviendo a ella, se detiene en el relieve mayor
de su negrura.
Rostro de mujer, inefable, aparecida con la gracia caribe
del cielo, cristalizando guanábana, caimoní:
espíritu de la Jaragua si sonríe.
Y enmudecer, cochero -por favor, pare cochero-
Ahí, frente a esa montaña de cajas de arenque
y latas de aceite de soya y legumbres,
convertido en el bobalicón que mueve a risa.

Alexis Gómez
(Santo Domingo, 1950)